Cómo evitar conversaciones incómodas durante las festividades

Hablamos con expertos sobre cómo mantener conversaciones interesantes y satisfactorias en tu próxima reunión.

Por Jancee Dunn

PORTLAND – Este año voy a recibir a mi familia extendida en Acción de Gracias y quiero que sea algo reparador y divertido.

Para crear ambiente, tendré mis habituales tarjetas “raspa y gana” en cada lugar de la mesa. Y haré algunas preguntas que la gente podrá responder mientras comemos, como: ¿cuál es tu lenguaje de amor no convencional?

Mi padre, por ejemplo, admitirá que el suyo es dar avisos. Si nota algo que no va bien —mis desagües desbordados, una rodilla dolorida que ignoro—, me advertirá de que si no actúo, “me espera un mundo de dolor”.

Para mi padre, asustar es cuidar. “Allá tú”, otra de sus frases favoritas, significa “te quiero”.

Espero que esta pregunta dé lugar a conversaciones interesantes entre los miembros de mi familia. No es probable que nos peleemos por temas de política (mi colega Catherine Pearson escribió sobre familias que sí lo hacen). Pero los momentos incómodos ocurren.

Preparar algunos temas de conversación antes de una reunión navideña puede parecer forzado, dijo Alison Wood Brooks, profesora de la Escuela de Negocios de Harvard y autora de Talk: The Science of Conversation and the Art of Being Ourselves (Charlar: la ciencia de la conversación y el arte de ser nosotros mismos). Pero en su investigación, Brooks descubrió que solo 30 segundos de lluvia de ideas previa mejoraban la fluidez de la conversación.

Hablé con Brooks y otros expertos sobre cómo mantener conversaciones en tu próxima reunión que sean, como escribe Brooks, “ricas, jugosas y divertidas”.

Celeste Headlee, autora de We Need to Talk: How to Have Conversations That Matter (Tenemos que hablar: cómo tener conversaciones que importen), sostiene que hacer una pregunta general sobre cómo le va a alguien puede no llevar a ninguna parte porque “la gente ya tiene preparadas respuestas fáciles”, dijo. “Casi todo el mundo va a decir ‘bien’”.

En su lugar, sé más específico, dijo, con preguntas como: “¿A qué estás dedicando la mayor parte de tu tiempo?”.

Las mejores preguntas, añadió Headlee, invitan a la gente a hablar de las cosas que les gustan, ya sea la comida, las películas o las mascotas.

E intenta hacer lo que Brooks llama el “duro trabajo cognitivo” de escuchar de verdad. En sus investigaciones ha descubierto que, durante una conversación, la mente de los sujetos divagaba casi una cuarta parte del tiempo.

En su lugar, practica lo que ella llama “escucha receptiva”, que es mutuamente beneficiosa: te ayuda a prestar más atención y anima a quien está hablando.

Brooks dijo que una gran escucha se expresaba mediante algún tipo de respuesta verbal, ya fuera una broma que se basara en algo que la persona había dicho, un parafraseo, una confirmación verbal (“exactamente”) o una pregunta de seguimiento que demostrara que estabas prestando atención. Esto hace que la conversación fluya y sirve tanto para grupos como para conversaciones individuales, dijo.

Hay algunas pequeñas señales de que una conversación se está agotando, explicó Brooks: las pausas se hacen un poco más largas, puede haber más risas incómodas o la gente empieza a repetir cosas que ya han dicho sobre el tema.

Si eso ocurre, intervén y cambia de tema, dijo Brooks. Sus investigaciones han descubierto que quien cambia de tema con frecuencia —aproximadamente una vez cada minuto— mantiene conversaciones más satisfactorias.

No hace falta que lo hagas tanto, dijo. “Pero la conclusión es que, si parece que un tema se está volviendo rancio, actúa con poder, ten confianza y cambia”. El nuevo tema, añadió, “no tiene por qué ser divertido o ingenioso, solo tiene que ser diferente”.

Si eres el anfitrión, puedes nombrarte “administrador de temas” o reclutar a otra persona con antelación para que la charla fluya y te asegures de que todo el mundo se siente incluido. Si el tío Stu está dominando la conversación, dijo, “sé como un controlador aéreo y redirige la charla hacia otra persona que esté sentada a la mesa”.

Rob Walker, autor de The Art of Noticing (El arte de darse cuenta), tiene un boletín Substack del mismo nombre en el que recopila temas rompehielos de los lectores. He aquí algunos de mis favoritos:

■ ¿Qué es algo en lo que crees pero no puedes demostrar?

■ ¿Cuál es el peor consejo que te han dado?

■ Háblame de una persona que hayas conocido solo una vez y que realmente te haya impactado.

■ ¿Cuándo estuviste seguro de que un mal resultado sería tu ruina, pero en realidad resultó beneficioso para ti?

¿Alguna vez has estado en una reunión en la que un extremo de la mesa era una fiesta estridente y en el otro había un silencio mortal? Si la gente habla en pequeños grupos, interrumpe la conversación dedicando un tiempo a reacomodar, dijo Brooks. Entre la cena y el postre, por ejemplo, puedes pedir que todos cambien de asiento.

También puedes asignar los asientos de modo que haya una buena mezcla de parlanchines, dijo, o pedir a uno de tus amigos o familiares más extrovertidos que sea un camarero de la charla que pueda circular entre los distintos grupos. “Pueden sentarse y entablar conversación con las sobrinas tímidas a quienes les cuesta trabajo sacar adelante la plática”, dijo.

Si yo tuviera que responder a la pregunta que plantearé en Acción de Gracias, creo que mi lenguaje amoroso no convencional es similar al de mi padre: dar consejos. Espero que, en algún momento, yo también haya podido evitarte un mundo de dolor.

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