La marihuana o los productos derivados que no se distribuyan a través de un programa estatal de marihuana medicinal seguirán clasificándose en la Lista I
PORTLAND – Un decreto firmado por el fiscal general interino Todd Blanche reatribuyó el cannabis medicinal, ahora clasificado como una droga de menor peligro al ser movido de la programación I a la III. Esta acción, sin legalizar el uso recreativo o médico a nivel federal, responde al deseo de otorgar un mejor acceso y reconocimiento al cannabis.
Es un cambio de política importante que los defensores buscaban desde hace tiempo y que decía que el gobierno federal nunca debería haber tratado al cannabis como a la heroína.
La reclasificación abre la puerta a beneficios significativos, permitiendo deducciones fiscales para productores legales de cannabis y facilitando la investigación científica. Las empresas de cannabis ahora pueden deducir gastos en sus impuestos federales, lo que representa un avance significativo para la industria.
Recordemos que en diciembre, el presidente Donald Trump ordenó a su administración que trabajara lo más rápido posible para reclasificar la marihuana; y este sábado pasado, mientras el mandatario republicano firmaba una orden ejecutiva relacionada con psicodélicos, pareció expresar su frustración por la demora, recuerda Associated Press (AP).
Opiniones contrapuestas
La medida de Blanche legitima así, en gran medida, los programas de marihuana medicinal en los 40 estados que los han adoptado.
Muchos en la industria del cannabis ven este movimiento como un progreso en la política federal, mientras críticos como Kevin Sabet, director ejecutivo de Smart Approaches to Marijuana, argumentan que representa una “ayuda fiscal a la gran industria del cannabis” y advierten sobre los riesgos asociados con su legalización.
“Con esta medida, nos enfrentamos a la administración más pro-drogas de nuestra historia”, aseveró Sabet en un mensaje de texto. “Las políticas ahora las dictan los directores ejecutivos de empresas de marihuana, los inversores en psicodélicos y los podcasters con adicción activa”, sostuvo críticamente.
Contexto político y reformas
El cambio de la administración de Trump ha llevado a revisar las clasificaciones de marihuana a nivel federal, superando la revisión actual del Departamento de Justicia bajo Biden.
La orden de Blanche eludió el proceso de revisión al basarse en una disposición de la ley federal que permite al fiscal general determinar la clasificación apropiada para los medicamentos que Estados Unidos debe regular de conformidad con un tratado internacional.
No está claro cómo esta nueva clasificación afectará las operaciones en los estados que también han legalizado el uso recreativo del cannabis.
Es importante destacar que la marihuana o los productos derivados que no se distribuyan a través de un programa estatal de marihuana medicinal seguirán clasificándose en la Lista I.
La presión política sigue presente, especialmente entre legisladores republicanos que apoyan mantener restricciones más estrictas.
Impacto en la investigación científica
La decisión de reclasificar o flexibilizar el estatus legal del cannabis a nivel federal tenderá, en general, a expandir y acelerar la investigación científica sobre la planta y sus derivados.
Facilitación de estudios clínicos. Al reducir su clasificación como sustancia de máximo riesgo y sin uso médico aceptado, se alivian muchas restricciones burocráticas que hasta ahora limitaban los permisos, almacenamiento, acceso a material estandarizado y financiamiento para ensayos clínicos. Esto puede hacer más viable estudiar el cannabis para dolor crónico, epilepsia, trastorno por estrés postraumático, esclerosis múltiple y otros padecimientos.
Mayor financiamiento e interés académico. Gobiernos y agencias de salud (como el NIDA en EE.UU.) ya han venido impulsando investigación sobre el sistema endocannabinoide, cannabinoides y efectos en el cerebro y la salud mental, pero bajo un marco regulatorio muy restrictivo. Con una regulación más flexible, se espera que haya más presupuesto público y privado para proyectos sobre riesgos, beneficios terapéuticos y políticas de salud pública.
Avances en evidencia y políticas. Actualmente, muchos países ya han adelantado en legislación médica, pero la ciencia sigue rezagada respecto al uso real y a las expectativas sociales. Una decisión regulatoria que facilite la investigación permitiría generar datos más sólidos sobre cardiometabolismo, desarrollo cerebral, adicción y otros efectos, lo que a su vez ayudaría a afinar normas médicas, etiquetado y recomendaciones de uso.
