Los texanos vencieron 114-95 a unos combativos Blazers y ya esperan rival
SAN ANTONIO – Hacía nueve años que los Spurs no ganaban una eliminatoria de playoffs. Parece raro decir algo así de un equipo que durante muchos años fue una presencia fija en la postemporada y uno de los más dominantes de la competición, pero la NBA es al fin y al cabo una liga cíclica en la que estas cosas están destinadas a pasar. Y esta madrugada, el ciclo parece haberse cumplido. Porque es probable que hayamos visto el inicio de otra era de dominio para los texanos.
Y es que San Antonio ha vencido por 114-95 a los Portland Trail Blazers para cerrar con un 4-1 su victoria en esta serie, la primera en casi 10 años pero sobre todo la primera de este proyecto llamado a marcar una era. La primera de Wembanyama, de Castle, de Harper, de Vassell, de Johnson. Incluso la primera de Fox, que nunca lo logró en Sacramento, y de Mitch Johnson, que suplió como interino a una leyenda como Popovich y que parece decidido a seguir sus pasos.
Pero sobre todo, la primera de, seguramente, muchas. Los Spurs han sido uno de los mejores equipos de la liga regular y, pese a las dudas sobre su inexperiencia, lo han sido también de estos playoffs. Incluso con momentos más irregulares, han contado con tramos de un dominio abrumador ante un rival muy incómodo como Portland, incluyendo el arranque de un Game 5 en el que empezó a quedar claro que esta iba a ser una noche de celebración.
Morir con orgullo
Se hizo evidente desde muy temprano que a los Blazers les había tocado ir al matadero. Con una salida frenética, San Antonio empezó a marcar distancias desde los primeros minutos, presumiendo de un gran acierto exterior comandado por Champagnie y de una defensa que convertía cada posesión visitante en un infierno. Con Wemby como ancla en la pintura y los exteriores agresivos sobre cada pase o bote, era a ratos imposible crear nada mientras ellos, asegurando rebotes y robando bolas, volaban en transición.
Y así, la distancia no paró de crecer durante prácticamente toda la primera mitad. El choque abrió con un parcial de 17-4 que marcó el tono de lo que se venía, la brecha aumentó hasta los 20 puntos apenas comenzado el segundo cuarto y con el paso de los minutos llegó a ser de hasta 28. La fiesta se desataba en el Frost Bank Center y Portland miraba el reloj deseando que todo acabase.
O eso parecía. Porque los de Splitter, en su último aliento, hicieron todo lo que estuvo en su mano para irse con la cabeza alta.
No es como si la victoria local llegase a correr verdadero peligro, pero los Blazers consiguieron devolver la competitividad a lo que estaba siendo una paliza sin contemplaciones y llevar la diferencia por debajo de los 10 tantos en el último cuarto. Subiendo el listón físico de la mano de hombres como Cissoko y llevando al extremo la idea de ignorar a Castle en ataque, consiguieron generar tramos de atasco en los locales e ir poco a poco acercándose en el marcador, poniendo en pausa la euforia texana durante un rato.
Lo que tenía que decir Fox
Pero al final, incluso cuando los de Portland volvieron a creer, se acabó imponiendo la lógica. O más bien, De’Aaron Fox acabó imponiéndola. Cuando parecía que la falta de ideas podía terminar de poner en apuros a los de Mitch Johnson, el base replicó lo logrado en el Game 4 y emergió como gran referencia anotadora para devolver la calma a los presentes. Penetrando, desde el triple, desde la media distancia. Lo que hiciera falta para terminar de sellar la clasificación.
El base ejerció como la figura más veterana y segunda espada que es, asumiendo responsabilidades y sumando 13 de sus 21 puntos en el cuarto periodo para devolver la fiesta a un pabellón en el que no llegó a reinar el miedo pero sí el silencio incómodo. Pero que, concluidos los 48 minutos, pudo celebrar la vuelta de los suyos a unas semifinales de conferencia. Unas que son un premio pero ni mucho menos el objetivo final. Porque está claro que estos Spurs están para grandes cosas.
