La maldición que México quiere romper en el Mundial 2026: el fantasma que persigue al Tri

06/09/2026

México jugará el Mundial en casa con una misión: poner fin a décadas de frustración y superar una barrera que ha marcado a varias generaciones del Tri

CIUDAD DE MÉXICO – Durante más de tres décadas, México ha sido una de las selecciones más constantes del fútbol internacional. Ha clasificado a todos los mundiales desde 1994, suele superar la fase de grupos y cuenta con una de las aficiones más apasionadas del planeta. Sin embargo, hay una barrera que el Tri no ha podido derribar.

Desde hace 32 años, la selección mexicana ha sido eliminada una y otra vez en la misma instancia: los octavos de final. Una racha tan persistente que terminó convirtiéndose en una auténtica maldición para millones de aficionados.

Ahora, con el Mundial 2026 disputándose parcialmente en suelo mexicano, el equipo tendrá una oportunidad única para cambiar la historia.

El fantasma de los octavos de final

La llamada “maldición del quinto partido” comenzó después del Mundial de Estados Unidos 1994. Desde entonces, México ha sido eliminado en los octavos de final en siete Copas del Mundo consecutivas:

  • Estados Unidos 1994
  • Francia 1998
  • Corea-Japón 2002
  • Alemania 2006
  • Sudáfrica 2010
  • Brasil 2014
  • Rusia 2018

La racha se rompió en Qatar 2022, pero no de la forma que los aficionados esperaban: el Tri ni siquiera logró superar la fase de grupos por primera vez desde 1978.

Los mejores recuerdos llegaron jugando en casa

Curiosamente, las mejores actuaciones de México en un Mundial ocurrieron precisamente cuando fue anfitrión. En 1970, con Pelé y Brasil conquistando el título, el Tri alcanzó los cuartos de final por primera vez.

La historia se repitió en 1986, cuando el equipo volvió a instalarse entre los ocho mejores del torneo antes de caer ante Alemania en una dramática tanda de penales. Pero, desde entonces, ninguna generación mexicana ha conseguido igualar esos resultados.

El Mundial más importante para el Tri

El contexto de 2026 es diferente. México será el primer país en albergar tres Copas del Mundo, inaugurará el torneo en el Estadio Azteca y disputará todos sus partidos de la fase de grupos como local.

Para el técnico Javier Aguirre, la oportunidad es histórica. “Sabemos lo que significa este Mundial para la gente”, ha señalado el entrenador, consciente de que el objetivo va mucho más allá de avanzar de ronda.

El hecho es que pocas selecciones llegarán al torneo con tanta presión emocional. México no solo jugará frente a su afición en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey; también contará con el respaldo de millones de mexicanos y mexicoamericanos que viven en Estados Unidos.

Cada victoria será celebrada como una fiesta nacional. Cada derrota tendrá una repercusión enorme. Y, en medio de ese escenario, aparece nuevamente la gran pregunta: ¿Podrá el Tri disputar, por fin, ese ansiado quinto partido?

Una maldición hecha de números… y emociones

Las estadísticas muestran una realidad difícil de ignorar, pero el fútbol rara vez responde únicamente a la lógica. Hace 40 años, en el Mundial de México 1986, una generación logró ilusionar a todo un país. Cuatro décadas después, una nueva camada tendrá la posibilidad de hacerlo otra vez.

Para muchos aficionados, el objetivo no es ganar la Copa del Mundo. Es algo que, para cualquier otra potencia futbolística, parecería mucho más modesto. Simplemente, romper la maldición.