San Patricio: ni Patricio, ni irlandés ni santo

marzo 17, 2026

Una banda de música participa en el desfile anual del Día de San Patricio.

PORTLAND – El 17 de marzo los irlandeses del mundo celebran la fiesta de su patrón, un evento que tiene su origen en la fecha de fallecimiento del propio San Patricio y que, con el tiempo, se ha convertido en una celebración mundial con desfiles, música, bailes y mucho verde.

Y por supuesto, también es un día para tomarse una buena Guinness, o varias, a la salud del finado que, por otra parte, nunca fue canonizado, no se llamaba Patricio y ni siquiera era irlandés. Ah, y tampoco el verde era su color.

Sin embargo, en un país donde la leyenda es arte, eso es lo de menos. Más bien, la excusa perfecta para celebrar una fiesta cuya popularidad ha trascendido fronteras y que sitúa, durante unas horas, en el foco mundial a Irlanda y a la exaltación de lo irlandés.

Ni Patricio, ni irlandés ni santo

Maewyn Succat era el nombre real de San Patricio, que nació en Gales o en Escocia (el lugar varía según las fuentes) y que cambió su nombre por el de Patricius ‘Patrick’ cuando se ordenó sacerdote, antes de instalarse en Irlanda para difundir el cristianismo. En esta isla permaneció, predicando y bautizando, hasta su muerte el 17 de marzo del año 461 en el condado de Down, en cuya catedral reposan sus restos mortales.

Hombre de fe, su santidad ha sido, sin embargo, a menudo cuestionada. Al parecer la duda surge porque San Patricio nunca fue canonizado formalmente, ya que ese procedimiento no existía cuando vivió el patrón. Para la Iglesia, sin embargo, su santidad es incuestionable.

Santo o no, lo cierto es que la devoción al insigne religioso no fue de un día para otro. Tuvieron que pasar dieciséis siglos para que la fecha del fallecimiento de este predicador se convirtiera en una fiesta de carácter nacional. Y eso fue gracias a Luke Wadding, un teólogo franciscano irlandés que introdujo el día en el calendario litúrgico de la Iglesia católica, lo que contribuyó a su consolidación como celebración religiosa que luego evolucionó a festividad cultural.

La fiesta más importante de Irlanda y una de las más extendidas a nivel mundial

San Patricio se celebra principalmente en Irlanda, donde es festivo nacional, y tiene especial relevancia en Dublín, con actos oficiales y desfiles multitudinarios.

Pero también se conmemora en países con fuerte emigración irlandesa, lo que amplía considerablemente el círculo, pues se estima que más de 70 millones de personas en el mundo tienen raíces gaélicas.

Curiosamente, el primer desfile de San Patricio no fue en Irlanda, sino en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, en 1762. Se calcula que más de 250,000 personas circularon ese día por la Quinta Avenida.

Hoy en día ese desfile sigue siendo uno de los más importantes del mundo, junto con los de Chicago y Boston. Asimismo, la festividad tiene importante presencia en Australia, Canadá y el Reino Unido.

Sin embargo, desde hace unos años, la fiesta se ha ido popularizando en cada vez más países, adquiriendo un carácter universal. Icónicos monumentos del mundo como el Coliseo de Roma, la Torre de Pisa, la Ópera de Sídney, el London Eye o las Cataratas del Niágara, se iluminan ese día de color verde, el emblema más representativo de esta fiesta.

Verde, tréboles y Guinness

Lo anecdótico es que el verde no era en origen el color asociado al santo. Es más, las imágenes que existen le muestran siempre con una túnica azul. El verde llegó después de que la isla fuera identificada con este color y en consecuencia también con su patrón.

El día de la festividad se verán también tréboles por todas partes. Se dice que cuando San Patricio regresó a Irlanda utilizó un trébol para explicar a los paganos las tres personas de la Santísima Trinidad, y de ahí su uso.

Y por encima de todo se bailará y se beberá, cerveza negra a ser posible, como marca asociada a la identidad irlandesa. Pero si no, cualquier bebida será bienvenida para acompañar una celebración que nació como una conmemoración religiosa en Irlanda y se ha convertido en un fenómeno cultural que moviliza a millones de personas dentro y fuera de la isla.

La pregunta ahora no es si la fiesta ha cambiado, sino cómo seguirá transformándose en las próximas generaciones.