El impacto en el Golfo Pérsico trasciende los combustibles fósiles. La industria tecnológica depende de petróleo y gas que hoy están atrapados en el conflicto
NACIONES UNIDAS – La creciente tensión en Oriente Medio y su impacto en el Golfo Pérsico está generando efectos más allá del mercado energético, al poner en riesgo el suministro global de minerales críticos indispensables para sectores como la tecnología, las energías renovables y la defensa, advirtió Naciones Unidas.
De acuerdo con expertos de la Comisión Económica de la ONU para Europa (UNECE), la interrupción del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas comerciales más estratégicas del mundo, amenaza con provocar escasez de insumos clave como azufre, helio y nafta, subproductos derivados del petróleo esenciales para múltiples procesos industriales.
“Si el conflicto continúa, habrá escasez de determinados subproductos necesarios para el sector, lo que reducirá la producción, especialmente en energías renovables y tecnologías digitales”, señaló Dario Liguti, director de la división de energía sostenible de la UNECE, en declaraciones desde Ginebra.
Impacto directo en tecnología y transición energética
Antes del conflicto, cerca de 140 buques cruzaban diariamente el estrecho de Ormuz transportando petróleo, gas y materias primas industriales. Actualmente, el flujo marítimo se ha reducido de forma considerable, generando incertidumbre en las cadenas de suministro globales.
El azufre, del que aproximadamente el 30% del suministro mundial pasa por esta vía, es clave en el procesamiento de minerales críticos, mientras que la nafta se utiliza en el refinado y el helio resulta fundamental en la fabricación de semiconductores. Estos componentes son esenciales para producir paneles solares, baterías, dispositivos electrónicos y vehículos eléctricos.
La posible escasez ya ha comenzado a reflejarse en algunos mercados, particularmente en Asia, donde se concentra buena parte del refinado de estos materiales. Gobiernos y empresas han empezado a acumular reservas estratégicas para mitigar el impacto de una interrupción prolongada.
Analistas advierten que esta situación podría ralentizar la transición energética global, al encarecer la producción de tecnologías limpias y limitar su disponibilidad. Además, el aumento de costos podría trasladarse a consumidores en forma de precios más altos en productos electrónicos y energéticos.
Riesgos para la seguridad alimentaria y estabilidad global
La interrupción de esta arteria marítima no solo amenaza con encarecer los teléfonos inteligentes en California, sino que está sembrando el hambre al otro lado del Pacífico. La ONU estima que 9.1 millones de personas adicionales en Asia podrían caer en inseguridad alimentaria aguda debido al alza en los precios de los fertilizantes y el transporte.
El impacto de la crisis no se limita al ámbito industrial. La interrupción del comercio marítimo también está afectando el suministro de materias primas para fertilizantes, lo que podría tener consecuencias directas en la producción agrícola y la seguridad alimentaria.
En países del sur y sudeste asiático, el encarecimiento del transporte, el combustible y los insumos agrícolas ya está generando presión sobre economías altamente dependientes de importaciones.
Casos concretos reflejan la magnitud del problema. En Bangladesh, la producción de fertilizantes se ha visto interrumpida en plena temporada agrícola, mientras que en Nepal los precios del diésel han aumentado significativamente. En otras naciones, como Myanmar y Afganistán, las operaciones humanitarias enfrentan mayores costos logísticos y riesgo de desabastecimiento.
Aunque un alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán ha brindado cierto respiro, la situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo frágil. Informes sobre buques atacados o retenidos mantienen la incertidumbre en una ruta por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una porción significativa del comercio de materias primas.
Para expertos internacionales, el escenario actual evidencia la vulnerabilidad estructural de las cadenas de suministro globales, altamente concentradas en regiones geopolíticamente inestables. De persistir el conflicto, advierten, el impacto podría escalar hacia una crisis económica y humanitaria de mayor alcance.
