El aumento en el costo de la comida, la vivienda y otros gastos está empujando a miles de familias a recortar gastos básicos y cambiar su forma de comer
LOA ÁNGELES – Cada vez más familias están optando por eliminar una comida al día para ahorrar dinero y que el presupuesto llegue hasta fin de mes. Varias encuestas revelan que casi 4 de cada 10 latinos en Estados Unidos han tomado esta medida para reducir sus gastos, afectados por el aumento persistente de los precios en supermercados, rentas y servicios básicos.
Para muchos hogares, llenar el refrigerador se ha vuelto una decisión difícil que obliga a reducir porciones, eliminar ciertos alimentos o depender de ayuda pública, porque los aumentos en los precios están afectando otros rubros básicos. Los alimentos han subido entre 20% y 30% en los últimos años, mientras los salarios no pueden mantener el mismo ritmo.
Casi 4 de cada 10 latinos admiten saltarse comidas
El impacto de los precios altos va directo a la mesa: familias que antes hacían tres comidas completas han optado por medidas emergentes como reducir porciones, eliminar productos de alto costo, principalmente proteínas animales, o sustituir la cena por café y pan.
Ante la situación, distintos sondeos de organizaciones comunitarias y centros de investigación muestran que entre el 35% y el 40% de los adultos latinos se han saltado una comida o han reducido sus porciones por falta de dinero en el último mes.
Según una encuesta de UnidosUS de 2025, el 38% de los hogares latinos reportó haber reducido el tamaño de sus comidas o saltárselas por falta de dinero en el último año.
“Me ayudará a respirar un poco más tranquila a la hora de pagar el alquiler e incluso de comprar alimentos”, dijo a Artículo 66 Angélica Hernández, quien trabaja en un McDonald’s de Los Ángeles, cuando se anunció el aumento del salario mínimo en California para trabajadores de comida rápida.
Esto significa que millones de personas están cubriendo huecos en sus presupuestos recortando primero la calidad de sus alimentos y luego la cantidad, decisiones que impactan directamente su salud, rendimiento escolar y productividad laboral.
La combinación explosiva: renta, comida y salarios que no alcanzan
La tensión no viene solo del supermercado. En las principales ciudades donde vive la comunidad hispana, el costo de la renta se ha disparado en la última década. En varios condados de Nueva York, California, Texas y Florida, el alquiler absorbe entre el 35% y el 50% del ingreso familiar mensual.
Si a eso se suma que la inflación acumulada de alimentos desde 2020 supera el 20%, mientras el salario real se ha estancado o incluso ha retrocedido, la situación es insostenible para quienes trabajan en sectores de bajos ingresos como servicios, construcción, limpieza o cuidados.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el índice internacional de precios de los alimentos subió 1.6% en abril respecto a marzo y 2% frente a abril de 2025, impulsado por el encarecimiento de la energía y la guerra en Medio Oriente.
Esto significa que, incluso cuando la inflación general pudiera moderarse, la comida básica sigue encareciéndose mes a mes, obligando a los hogares de bajos ingresos a ajustar aún más porciones y calidad. La mala noticia es que este martes 12 de mayo la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) informó que la inflación anual subió de 3.3 a 3.8% en abril.
¿Qué está recortando la gente en la mesa?
No todas las familias recortan de la misma forma, pero los patrones se repiten:
- Menos proteína animal: Se reduce el consumo de carne de res, pollo y pescado, sustituyéndolos por arroz, pasta o pan
- Desayunos y cenas más ligeras: Muchas personas reportan saltarse el desayuno o hacer una cena mínima para ahorrar
- Productos frescos más caros: Frutas y verduras frescas se reemplazan por enlatados o carbohidratos más baratos
- Comida rápida barata: En algunos casos, se recurre a comida rápida de bajo costo, que sacia el hambre, pero no ofrece el mismo valor nutricional
Para la comunidad hispana, esto no solo afecta la alimentación del día a día: también golpea tradiciones culturales ligadas a la mesa, desde los fines de semana en familia hasta celebraciones religiosas o fiestas patronales.
“Vamos al supermercado con 100 dólares y no nos alcanza”, lamentó Julieta García, trabajadora de Pizza Hut y originaria de Guatemala, al describir el impacto del alto costo de vida en California a la Revista E&N.
Programas de ayuda que muchos aún no usan
Pese a la gravedad de la situación, una parte significativa de las familias latinas que califican para programas de asistencia alimentaria no los están usando, ya sea por desconocimiento, barreras de idioma o miedo al impacto migratorio.
Entre los programas clave se encuentran:
- SNAP (cupones de alimentos): Apoyo mensual para comprar comida en supermercados y mercados autorizados
- WIC: Beneficios específicos para mujeres embarazadas, bebés y niños pequeños
- Comedores escolares y de verano: Desayunos y almuerzos gratuitos o de bajo costo para estudiantes
- Bancos de alimentos y despensas comunitarias: Organizaciones locales y parroquias que entregan cajas de comida sin costo
Varias organizaciones han reiterado que, en la mayoría de los casos, el uso de estos programas no afecta solicitudes migratorias ni procesos de residencia, pero el temor a una deportación persiste como obstáculo entre familias indocumentadas o con estatus mixto.
¿Qué puedes hacer si ya estás recortando comida?
- Revisar si calificas para ayuda: Verifica tu elegibilidad para SNAP, WIC u otros programas en portales oficiales o con organizaciones comunitarias de confianza
- Planear el menú por semana: Comprar con lista cerrada y plan de comidas reduce compras impulsivas y desperdicio
- Priorizar alimentos básicos nutritivos: Frijoles, lentejas, arroz integral, huevos y ciertas verduras congeladas ofrecen alto valor nutricional a menor costo
- Comprar en mayoreo o cooperativas: Clubes de precios o cooperativas latinas pueden ofrecer mejores precios en productos básicos
- Hablar con la escuela de tus hijos: Muchos distritos ofrecen desayunos y almuerzos gratuitos incluso para familias que antes no calificaban
Preguntas frecuentes (FAQ) sobre latinos que se saltan comidas
¿Es cierto que casi 4 de cada 10 latinos se saltan comidas?
Encuestas recientes sobre inseguridad alimentaria apuntan a que alrededor de un tercio de los adultos latinos han tenido que saltarse comidas o comer menos por falta de dinero al menos una vez en el último mes.
¿Por qué la comunidad latina está más afectada por el hambre que otros grupos?
Porque concentra una alta proporción de trabajadores en empleos de bajos salarios, con jornadas irregulares y escaso acceso a prestaciones. Además, muchos hogares sostienen a familiares fuera de EE.UU.
¿Qué impacto tiene saltarse comidas en la salud?
A corto plazo puede provocar cansancio, irritabilidad y problemas de concentración. A largo plazo, aumenta el riesgo de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
¿Pedir ayuda puede afectar mi estatus migratorio?
En muchos programas alimentarios, especialmente los dirigidos a niños y a emergencias, el uso de beneficios no se considera carga pública. Se recomienda consultar con una organización legal de confianza, como centros de asistencia legal comunitaria o clínicas legales gratuitas.
¿Qué pueden hacer las escuelas y organizaciones comunitarias?
Pueden ampliar la difusión de los programas existentes, ofrecer información en español clara y accesible, y coordinar jornadas de entrega de alimentos en barrios donde la comunidad latina ya acude a instituciones como iglesias, centros comunitarios y escuelas.
Conclusión
Si casi 4 de cada 10 latinos ya están saltándose comidas, el problema se convirtió en una emergencia silenciosa de salud pública.
Si la inflación de alimentos no cede y los salarios no aumentan lo suficiente, en los próximos meses podría crecer el número de hogares que dependen casi por completo de la ayuda pública y comunitaria para comer, con un costo social que se hará visible en las aulas, los hospitales, el mercado laboral y, sobre todo, en la calidad de vida de la próxima generación de niños latinos en Estados Unidos.
