Las confesiones de Aryna Sabalenka en su entrevista más íntima: «¿La gente realmente me odia tanto?»

05/20/2026

La bielorrusa habló de varios temas, incluida las muertes de su ex pareja y su padre.

PARÍS – Aryna Sabalenka, número 1 de la WTA, es una de las figuras más reconocidas del tenis femenino y mundial. Su personalidad y carisma llaman la atención, siendo una voz autorizada y uno de los personajes más destacados de este deporte en los últimos años.

La bielorrusa dio recientemente una de las entrevistas más íntimas de su carrera, en la que habló de diversos temas. El diálogo, además, fue acompañado de una sesión fotográfica que ya se viralizó en redes sociales y distintos medios internacionales.

Sabalenka nació en mayo de 1998 en Minsk, la capital de su país. Partió jugando tenis a los 6 años, gracias a su padre Sergey.

«En nuestra región, los dos deportes más populares son el hockey sobre hielo y el tenis. Mi padre eligió el tenis. Hasta que tenía 13 años, éramos ricos. Y luego mi papá luchó. Tantos contratiempos. Lo vi luchar muchas veces en su carrera, pero siempre levantándome. Mis padres se esforzaron por mantener las cosas en marcha, y realmente no hablamos de ello. Pero lo sabía. Los padres piensan que no lo sabemos, pero nosotros lo sabemos», comenzó contando a la revista Vogue.

La ganadora ya de cuatro Grand Slams y 30 trofeos en total (entre singles y dobles) ha tenido que luchar contra sus emociones a lo largo de su carrera.

«Me emocionaba muchísimo todo el tiempo. No tenía ningún control. Podía ir ganando el partido, y luego perder los estribos y descontrolarme. Sabía que tenía un problema», relata.

Incluso recuerda lo que le decían cuando era más joven: «Muchos entrenadores me decían que era tonta, que lo único que sabía hacer era golpear la pelota con demasiada fuerza, que nunca llegaría al top 100».

Sabalenka tuvo terapia sicológica entre los 18 y 24 años. «Hay que aceptar que uno se ha equivocado. Y me he equivocado muchísimas veces. Cuando era joven, me emocionaba mucho y luego me enfadaba conmigo misma por emocionarme. Ahora entiendo que está bien tirar la raqueta. Está bien gritar. Está bien perder los estribos si sientes que estás reprimiendo demasiado. A veces solo necesitas desahogarte, vaciarte para estar lista para empezar de nuevo y jugar el partido. Sí, a veces se ve feo y terrible, pero lo necesito para mantener la concentración», explica.

La bielorrusa también cuenta en la entrevista lo mucho que lidia a veces con las redes sociales, donde es tremendamente activa en Instagram (5,1 millones de seguidores) y TikTok (1,6 milones de seguidores).

«Siempre habrá gente que te juzgue. Juzgan tu apariencia, tus gestos, tu nacionalidad, incluso tu vida privada, tus decisiones. No suelo mirar mucho las redes sociales, pero a veces veo comentarios al azar en Instagram, TikTok, Threads, y le pregunto a mi representante: ‘¿De verdad hay gente que me odia tanto?’. Luego entro al estadio y siento un apoyo enorme, y me doy cuenta de que en internet hay muy poca gente, pero el ruido es ensordecedor. A veces es una cuenta falsa, y pienso: ¿Ni siquiera tienes las agallas para mostrar tu cara? O a veces haces clic en el perfil y ves que es una madre con tres hijos, una familia feliz que lleva una vida muy convencional y perfecta. Y los mensajes que te envía son del tipo: ‘Quiero que te mueras, quiero que tu familia tenga cáncer, eres una puta’. Y pienso: ‘Algo anda mal en este planeta'».

La guerra, la muerte de su padre y de su ex pareja

Un tema que ha rodeado constantemente a Sabalenka ha sido la distancia con las jugadoras ucranianas, a raíz de la guerra de ese país con Rusia.

Bielorrusia ha sido un aliado de los rusos y la tenista ha sufrido las consecuencias. Varias tenistas ucranianas no le han dado la mano después de los partidos, un gesto tradicional en este deporte.

«No estrechar la mano: respeto esa postura. Sé que no es algo personal. Están enviando un mensaje. Pero fue duro, la cantidad de odio que recibía de la gente del circuito. Un entrenador se enfureció conmigo, diciendo que yo era la que lanzaba las bombas. Es obvio que quiero la paz para todos. No quiero que esta guerra ocurra. Deberían sentarse a la mesa y, mediante negociaciones, resolver sus problemas. Pero también creo que el deporte es una plataforma y un lugar donde podemos unirnos, no pelearnos entre nosotros como si estuviéramos en guerra. Unámonos, estemos juntos, mostremos paz. Durante mucho tiempo, ucranianos y bielorrusos fuimos como hermanos. Somos iguales. Estamos todos muy unidos. Y ahora hay un muro enorme entre nosotros, y no sé si alguna vez desaparecerá», cuenta.

Otro tema que marcó a Sabalenka fue la muerte de su padre en 2019, producto de meningitis.

«Fue aún más duro para mi madre. Y no me di cuenta hasta después de cuánto sufrió mi hermana. Éramos las niñas de papá. Dicen que el tiempo ayuda, pero en cierto modo ahora me cuesta más porque sé lo mucho que mi padre estaría disfrutando de mi éxito», revela.

Y lanza una confesión: «Hoy en día, mi prometido me encuentra llorando en la cama por la noche porque estoy viendo reels y hay algo sobre un padre, o sobre viejos tiempos. Los videos más emotivos para mí son cuando veo a gente publicando la reacción de su familia al ver a su hijo atleta ganar algo, e imagino cómo reaccionaría mi padre. Lloro desconsoladamente, como si lo acabara de perder. Hay tantos padres en el circuito, y cuando veo una relación sana y un padre orgulloso, pienso: ‘Chica, disfrútalo, porque nunca sabes lo que te depara el futuro. Eres muy afortunada'».

También le afectó la muerte de Konstantin Koltsov en 2024, jugador de hockey que era su ex novio. Fue, aparentemente, un suicidio. Días después, Sabalenka jugó en Miami, lo que le valió varias críticas.

«Discutí con el policía; no podía aceptarlo», dijo cuando se enteró. «No sé si existe algún cliché sobre cómo se supone que uno debe sobrellevar el duelo. Siento que en esta situación no hay bien ni mal. Todos necesitamos cosas diferentes. Para mí, volver al trabajo es la única opción. Tengo 28 años, pero a veces pienso que he tenido todo lo que uno pueda imaginar en la vida», cierra.