Oregón, con acento en la O

08/18/2026

Por Matías Trejo De Dios

En español, nuestro estado se llama Oregón. Con acento.

Puede parecer una pequeñez, pero llevo tiempo fijándome en la cantidad de textos escritos en español —incluidos textos institucionales— donde aparece Oregon, sin tilde. Probablemente muchas veces no hay detrás ninguna decisión consciente. Se traduce el texto del inglés y el nombre del estado simplemente se queda como estaba.

Pero si estamos hablando o escribiendo en español, lo lógico es decir y escribir Oregón.

Lo hacemos continuamente con otros nombres geográficos sin pensarlo demasiado. En español decimos Moscú, París, Pekín o El Cairo. No utilizamos necesariamente el nombre tal y como se escribe o pronuncia en su lengua de origen. Utilizamos su nombre en español.

Con Oregón debería ocurrir lo mismo.

En nuestro caso hay, además, una curiosidad histórica que siempre me ha parecido interesante.

Como recoge la obra Los orígenes hispanos de Oregón, existen referencias documentadas en español a palabras de las que podría haberse derivado el nombre Oregón anteriores a las referencias equivalentes en inglés.

No sabemos definitivamente de dónde viene el nombre. Hay numerosas teorías. Entre las pistas que se han señalado aparecen orégano y orejón, relacionado con las orejas grandes. Y existe además una coincidencia curiosa: Sebastián Vizcaíno, explorador hispano que recorrió la costa del Pacífico a comienzos del siglo XVII, estaba casado con Magdalena de Orejón.

¿Tiene algo que ver? No lo sabemos.

Yo me quedo con el de las orejas.

Pero la anécdota sirve para recordar algo más importante. El español no apareció en estas tierras hace unas décadas con las últimas migraciones. Su presencia en la historia del noroeste del Pacífico es mucho más antigua. Aparece en expediciones, mapas, relatos y algunas de las primeras descripciones escritas de esta parte del continente.

Y entonces esa pequeña tilde empieza a tener para mí otro significado.

Escribir Oregón cuando escribimos en español puede ser también un pequeño acto de afirmación cultural. Incluso, si se quiere, un pequeño desafío. No contra el inglés. Simplemente contra la costumbre de pensar que nuestra lengua tiene que acomodarse siempre a la forma inglesa para hablar de la tierra en la que vivimos.

No tenemos que pedir prestado al inglés el nombre de nuestro propio estado cuando hablamos español.

En español somos oregonianos. También desde nuestra lengua podemos nombrar, contar y sentir como propia la tierra en la que vivimos.

Por eso me llama especialmente la atención encontrar un documento completamente escrito en español que, al llegar al nombre del estado, de repente vuelva al inglés. A veces me pregunto cuánto hay ahí de simple costumbre y cuánto queda todavía de esa vieja subordinación cultural que nos lleva, casi sin darnos cuenta, a considerar la forma inglesa más legítima que la nuestra.

No hace falta convertirlo en una gran batalla cultural. Ni siquiera creo que lo sea.

No es una cuestión ideológica. Es el nombre de nuestro estado en español: Oregón.