El presidente de Estados Unidos escala la guerra comercial con el país vecino
WASHINGTON – El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acelera la guerra comercial desencadenada con el país vecino, Canadá. En un mensaje en su red social, Truth, el republicano ha anunciado este lunes aranceles del 50% para los vehículos, componentes de vehículos y acero procedentes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027, que se suman a los que ya han entrado en vigor el fin de semana tras el fracaso el viernes de las conversaciones entre los dos países.
“Canadá ha estado estafando durante años a Estados Unidos”, asegura el mandatario en su mensaje, en el que acusa al vecino del norte de haber impuesto “aranceles ridículamente altos contra nuestros granjeros y nuestros productos agrícolas” y, con ello, haber “creado un déficit de 60.000 millones de dólares entre los dos países”.
“¡Canadá ya no recibirá un trato como si fuera un Estado de Estados Unidos!“, agrega el mandatario. ”Se piensan que tienen derecho, pero nosotros no necesitamos a Canadá, son ellos los que nos necesitan a nosotros”. Y anuncia: “A partir del 1 de enero de 2017 se aumentarán al 50% los aranceles sobre todos los automóviles, camiones y camionetas, partes automotoras, y el acero. Si se fabrican en Estados Unidos, habrá cero aranceles”. En el caso del acero canadiense, Washington ya había impuesto gravámenes del 50% sobre algunos productos fabricados con ese metal. El anuncio de Trump extiende ese impuesto a la totalidad de ese rubro a partir de 2027.
Los dos países rompieron definitivamente el viernes las conversaciones para evitar la imposición de nuevos aranceles con la que amenazaba Estados Unidos. El sábado, el primer ministro canadiense, Mark Carney, confirmó que a partir del día 8 de septiembre su país impondrá gravámenes recíprocos, dólar por dólar, a los productos estadounidenses. También apuntó la posibilidad de llevar las represalias al terreno de la energía, un tabú hasta ahora.
Los impuestos canadienses a las importaciones procedentes de Estados Unidos afectarán a productos como el acero, los lácteos, los electrodomésticos, el papel, los productos electrónicos y los equipos agrícolas, entre otros, por un valor total en torno a los 20.000 millones de dólares. A su vez, Estados Unidos impone desde este sábado gravámenes del 50% a cientos de productos canadienses, desde material eléctrico a equipamiento para jugar al hockey, pasando por licores o madera.
Estados Unidos había amenazado con imponer otras medidas más duras si Canadá respondía a sus aranceles, algo que podría desencadenar una grave escalada en una guerra comercial que ya afecta a bienes y servicios con un valor estamos en 900.000 millones de dólares entre los dos vecinos. Estados Unidos es el principal mercado para las exportaciones del país aledaño, que le suministra, entre otros productos, vehículos, repuestos de automóvil y petróleo. Canadá, a su vez, es el mayor comprador de bienes estadounidenses, solo por detrás de la Unión Europea, según los datos del Departamento de Comercio estadounidense.
Trump ha hecho caso omiso de estas cifras. En su mensaje, asegura que Canadá “hace el 95% de sus tratos con Estados Unidos”. “A nosotros nos pasa exactamente lo opuesto”, añade en un mensaje que no casa con lo que dicen los datos de su propio Gobierno.

Donald Trump y Mark Carney.
Los dos países se han acusado mutuamente del fracaso de las conversaciones el viernes, tres días después de que los contactos parecieran encarrilados. El martes pasado, el presidente estadounidense había anunciado una prórroga de tres días en la imposición de los aranceles estadounidenses, que inicialmente iban a entrar en vigor el 19 de agosto, ante los progresos en esas negociaciones.
El responsable de Comercio Exterior estadounidense, Jamieson Greer, atribuyó el fracaso a exigencias canadienses de última hora, algo que Carney negó tajantemente. Del lado de Ottawa se asegura que Washington impuso en el último momento exigencias inaceptables que incluían la desaparición de obligatoriedad de incluir instrucciones y rótulos en lengua francesa, cooficial en Canadá, y restricciones para que el país del norte pudiera firmar acuerdos de libre comercio con otros países.
Los aranceles han sido una de las herramientas preferidas por Trump para amenazar y negociar con todo tipo de países, incluidos sus principales socios diplomáticos y económicos. Aunque el Tribunal Supremo ya anuló una parte de ellos al considerarlos improcedentes, esa preferencia del mandatario por los gravámenes ha tensado especialmente las relaciones con Canadá y México, con las que Estados Unidos mantiene un pacto de libre comercio, el TMEC, fundamental para las tres economías. El republicano, que presume de que la palabra “arancel” es una de sus “favoritas en la lengua inglesa”, llegó a amenazar en un momento dado con imponer más gravámenes a su vecino del norte por el humo que llegó a Estados Unidos procedentes de los feroces incendios que devastaron Canadá el mes pasado.
La Administración de Trump justifica los aranceles contra su vecino del norte con el argumento de que son una represalia contra los que Canadá adoptó el año pasado. Pero es que esos gravámenes, a su vez, ya eran una respuesta a los que el Gobierno estadounidense había venido imponiendo desde la investidura del republicano.
Para imponer los nuevos aranceles, el Gobierno estadounidense ha invocado la sección 338 de la ley arancelaria de 1930, en plena crisis tras el martes negro de 1929. Esos gravámenes se pueden aplicar sin necesidad de que el Departamento de Comercio lleve a cabo una investigación previa sobre las prácticas del país a castigar, y pueden estar en vigor de modo indefinido.
A finales de julio, cuando planteó esos aranceles, Trump había advertido que incluirían también productos dentro del TMEC, aunque dejó fuera productos energéticos -sujetos a otra sección arancelaria- y bienes que Estados Unidos considera clave, como algunos minerales. La orden ejecutiva de entonces incluye además un impuesto ad valorem de hasta el 50% para una amplia categoría de productos como aceites esenciales, miel, flores, semillas, productos químicos, textiles, maderas, papel, metales, maquinaria, y artículos de lujo. Es algo que en la práctica impide el comercio de Canadá en el mercado estadounidense para una extensa variedad de productos.
La nueva escalada en el desencuentro comercial entre los dos países llega cuando ambos, y México, deben negociar precisamente una actualización del T-MEC, el mayor acuerdo comercial de América Latina y que se firmó en 2020, durante el primer mandato de Trump, para sustituir a la Zona de Libre Comercio entre los dos países creada en la era de Bill Clinton.
El republicano, que hace seis años se ufanaba de que el pacto que se firmaba entonces era el mejor posible, ahora se muestra reacio a renovarlo y pone trabas a sus socios para continuar. Así, la orden presidencial de junio advertía que el presidente estadounidense había decidido no renovar el T-MEC en su forma actual porque “el acuerdo no es lo suficientemente bueno para Estados Unidos”, según la orden presidencial.
