SEATTLE – La Copa del Mundo 2026 disputada en Estados Unidos fue todo un verdadero éxito desde todos los puntos de vista, sobre todo en lo económico y en lo deportivo.
Como siempre ocurre algunas selecciones salieron fortalecidas y otras dejaron que desear, pero así es la naturaleza del deporte, a veces se gana y otras se pierde.
Generalmente, gana el que hizo mejor las cosas, no solo en un partido, no solo en el Mundial, no solo en el transcurso de los 4 años previos, sino el que hace tiempo viene trabajando para desarrollar el fútbol en su país y tener jugadores que puedan conformar una buena selección.
Muchas veces ni con eso alcanza porque el talento no brota fácilmente, aunque si lo hace si las condiciones están creadas.
Ya clasificar para una Copa del Mundo es difícil, si no pregúntele a Italia, Perú, Honduras, Camerún y China; pasar la fase de grupos es complicado, viendo como Uruguay, Panamá, Escocia, Corea del Sur e Irán no pudieron avanzar.
Ya en los dieciseisavos la criba es mayor al quedar eliminadas buenas selecciones como Países Bajos, Alemania, Paraguay, Croacia y Japón, entre otros. Ya los octavos son una instancia complicada y hasta allí llegaron grandes como Brasil, Colombia, Ecuador, Portugal, Marruecos, Egipto y los tres anfitriones: Canadá, México y Estados Unidos.
Y queda una pregunta. ¿Puede ser considerado EEUU como una potencia del fútbol mundial?
La respuesta es complicada, teniendo en cuenta que Brasil lo es, Países Bajos lo es y Portugal lo es. El once de las barras y las estrellas goleó a Paraguay y cayó en octavos ante una gran selección de Bélgica, que fue eliminada en cuartos nada menos que por la campeona del mundo, a la que le anotó el único gol que permitió en el torneo.
Por un momento pareció que los estadounidenses estaban para mucho más y que podían abrazar los cuartos, pero ante los Diablos Rojos jugaron su peor partido del torneo, tal vez influenciado por inédito perdón de la sanción por la errónea roja a su delantero centro Folarin Balogun, tal vez porque no jugaron como lo venían haciendo.
El portero Matt Freese no eligió peor partido para equivocarse, tampoco el capitán Tim Ream, y el lateral Serginho Dest. Tampoco hubo una buena reacción de su seleccionador Mauricio Pochettino y sus líderes Christian Pulisic, Tyler Adams y Weston McKennie no se hicieron notar.
Ninguno de los tres debió ser titular. Lo cierto fue que EEUU jugó el mejor partido del Mundial, muy lejos de las actuaciones anteriores, donde pareció ser uno de los mejores equipos del torneo.
Aunque de haber ganado a los belgas no tenían mucho chance de vencer a la Roja, sin dudas la mejor selección de este Mundial.
Las victorias de la USMNT hicieron vivir a los estadounidenses una efervescencia futbolística nunca antes vista, los estadios se llenaron y cantaron a coro la viral canción country “Take Me Home, Country Roads”. Miles de televidentes siguieron a la selección de las barras y las estrellas y sus camisetas rompieron récords de venta.
EEUU fue un gran anfitrión, los partidos fueron una fiesta y el fútbol se instaló para siempre en el corazón de sus habitantes. La selección, a pesar del partido contra Bélgica, no lo hizo mal y dejó sembrada la semilla para pelear en la Copa del Mundo 2030.
A eso se suma el desarrollo exponencial de su liga, la MLS, y la exportación sistemática de jugadores a las grandes ligas de Europa. Sin contar sus estadios, su desarrollo en academias y universidades, tanto en la rama masculina como en la femenina.
Todo en uno hace que Estados Unidos si pueda ser considerado ya como una potencial del fútbol mundial, y si no lo es, está muy, muy cerca, solo por detrás de España, Argentina, Francia, Brasil, Países Bajos, Alemania y Portugal; tal vez igualado por Italia, Bélgica y algún otro, es decir entre los 10 mejores y eso ya es una proeza.
