Tres muertes por sarampión en cuatro días: EEUU afronta su peor año desde 1991

11/06/2026

NUEVA YORK – Tres muertes por sarampión en apenas cuatro días han vuelto a encender las alarmas sanitarias en Estados Unidos. La última víctima es un bebé de Wisconsin, cuya muerte se conoció este jueves, después de que Nueva York y Pensilvania comunicaran otros dos casos mortales en cuestión de días. El sarampión vuelve a golpear con fuerza a un país que atraviesa su peor brote en más de tres décadas, con más de 4.800 contagios confirmados y ocho muertos en lo que va de año, según los departamentos estatales de salud. Y todo ello mientras las tasas de vacunación siguen cayendo y las políticas sanitarias de la Administración de Donald Trump alimentan una creciente polémica.

Hacía 36 años que Wisconsin no registraba una muerte por sarampión. La enfermedad, que durante décadas había permanecido bajo control, se ha cobrado ahora la vida de un bebé, según ha confirmado el Departamento de Servicios de Salud del estado. El forense ha señalado al sarampión como causa inmediata del fallecimiento, aunque las autoridades han evitado ofrecer más detalles para proteger la privacidad de la familia.

La situación tampoco es mucho mejor en Pensilvania, el estado más castigado por el brote, donde este miércoles se notificó la sexta muerte asociada al sarampión en lo que va de año. La víctima era un residente del condado de Jefferson que no estaba vacunado y había dado positivo en la enfermedad. Con cerca de 1.500 contagios repartidos por 45 condados, Pensilvania concentra buena parte de los casos registrados en Estados Unidos.

Nueva York tampoco se ha librado del repunte. El lunes, las autoridades sanitarias comunicaron la muerte de un menor en el condado de Lewis, la primera víctima mortal por sarampión en el estado en más de 30 años. La muerte del menor se ha conocido apenas un mes después de que la gobernadora, Kathy Hochul, declarara el estado de emergencia sanitaria ante un brote que, lejos de remitir, sigue extendiéndose por el estado.

Las tres muertes notificadas esta semana elevan a ocho los fallecidos asociados al sarampión en Estados Unidos durante 2026, la cifra más alta desde 1991, según los datos recopilados por NBC News a partir de los departamentos estatales de salud. El balance, sin embargo, no coincide con el de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que hasta ahora han contabilizado cuatro víctimas mortales. Según explica Reuters, la diferencia se debe a un cambio en el sistema federal a la hora de registrar las muertes: los CDC recurren a los certificados de defunción, un procedimiento más lento que puede retrasar la incorporación de las muertes comunicadas por los estados.

Más de 4.800 contagios y una vacunación en retroceso

Más allá de las víctimas mortales, las cifras de contagios tampoco dan tregua. Estados Unidos acumula ya 4.582 casos de sarampión en lo que va de año, más del doble de los 2.289 registrados en 2025, según los últimos datos publicados por los CDC. Hay que remontarse hasta 1991 para encontrar cifras semejantes, casi una década antes de que el país lograra eliminar la transmisión endémica del virus.

Wisconsin es uno de los estados donde el sarampión avanza a un ritmo preocupante. Hasta el 3 de noviembre, las autoridades habían contabilizado 431 contagios repartidos por 13 condados, además de nueve hospitalizaciones. Y las cifras podrían ser solo la punta del iceberg. El epidemiólogo estatal Ryan Westergaard ha advertido, durante una rueda de prensa telefónica recogida por Reuters, de que los casos detectados son «casi con toda seguridad una subestimación», ya que no todas las personas infectadas se someten a pruebas ni llegan a ser identificadas por los servicios sanitarios.

Una de las mayores preocupaciones de los expertos es la caída de la vacunación infantil, una tendencia que lleva años debilitando la protección al sarampión. La cobertura de la vacuna triple vírica, que protege también frente a las paperas y la rubéola, ha pasado del 95,2% en el curso escolar 2019-2020 al 92,7% en 2023-2024. Y esa bajada, aunque pueda parecer pequeña, tiene consecuencias importantes: los especialistas sitúan en el 95% el umbral de vacunación necesario para mantener la inmunidad colectiva, es decir, para evitar que el virus circule con facilidad entre la población.

En Wisconsin, la situación es aún más delicada: la cobertura de vacunación contra el sarampión entre los niños que comienzan la escuela se sitúa en el 85%, diez puntos por debajo del umbral recomendado. A escala nacional, los datos también reflejan la falta de inmunización: al menos el 96% de los contagios corresponde a personas no vacunadas o cuyo estado de vacunación se desconoce, según los CDC. Además, ninguna de las ocho víctimas mortales había recibido la vacuna, según los departamentos estatales de salud, si bien es cierto que algunas no podían vacunarse debido a su edad o a sus condiciones médicas.

El sarampión pone el foco en la política sanitaria de Trump

El brote de sarampión ha reavivado el debate sobre el movimiento antivacunas y las políticas sanitarias de la Administración de Donald Trump. Buena parte de las críticas apuntan a su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., que lleva años cuestionando públicamente la seguridad de las vacunas. Antes de llegar al Gobierno, dirigió durante ocho años Children’s Health Defense, una organización desde la que difundió mensajes críticos con la vacunación y llegó a defender a Andrew Wakefield, el médico británico que vinculó falsamente la vacuna triple vírica con el autismo.

Desde su llegada al Gobierno, Kennedy ha mantenido una postura ambigua respecto a la vacunación. Tras la muerte de dos niños no vacunados por sarampión en Texas en 2025, reconoció que la triple vírica era la herramienta más eficaz para frenar la propagación del virus, pero al mismo tiempo insistió en que vacunarse debía ser una decisión personal. Más recientemente, su departamento ha anunciado nuevas investigaciones sobre posibles efectos adversos de las vacunas, una iniciativa que ha vuelto a alimentar el debate sobre su seguridad, pese a que sus beneficios cuentan con un amplio respaldo científico.

Las críticas no llegan únicamente desde el ámbito sanitario. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, también ha cargado contra Washington tras la muerte del menor en su estado, acusando al Gobierno federal de socavar décadas de avances frente a enfermedades prevenibles mediante la vacunación. La caída de las tasas de vacunación, sin embargo, comenzó antes del regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025, por lo que no puede atribuirse exclusivamente a su Administración. Los expertos advierten de que la desinformación y la desconfianza hacia las vacunas dificultan el control de los brotes, especialmente en las comunidades con menor tasa de vacunación.

Estados Unidos podría dejar de ser un país libre de sarampión

Las consecuencias del brote podrían ir más allá de las cifras de contagio y fallecidos: Estados Unidos podría perder su estatus de país libre de transmisión endémica del sarampión, condición que conserva desde el año 2000. Entre el 10 y el 13 de noviembre, una comisión de expertos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) evaluará si el virus ha circulado de forma ininterrumpida durante al menos doce meses, lo que supondría la retirada de ese reconocimiento.

La decisión todavía está pendiente, pero las autoridades sanitarias insisten en la importancia de la vacunación para contener la enfermedad. Dos dosis de la triple vírica ofrecen una protección aproximada del 97% frente al sarampión, un virus especialmente peligroso para los bebés y los niños pequeños, que puede provocar complicaciones graves como neumonía o inflamación cerebral.

Con más de 4.800 contagios, ocho muertes notificadas este año y la amenaza de perder su estatus, Estados Unidos se enfrenta ahora al riesgo de perder un logro sanitario que mantiene desde hace 26 años.