Las primeras 72 horas, consideradas el periodo de mayores posibilidades para localizar personas con vida entre los escombros se cumplieron este jueves
PEREIRA – Colombia entró este jueves en una nueva y angustiante etapa de las labores de rescate tras el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente del país el pasado 10 de agosto.
Las primeras 72 horas, consideradas el periodo de mayores posibilidades para localizar personas con vida entre los escombros, llegaron a su fin mientras los equipos de emergencia mantienen operativos en los puntos donde todavía existen indicios de supervivencia.
El balance más reciente reportado por las autoridades señala 265 personas fallecidas, alrededor de 3,500 heridas y cerca de 500 desaparecidas. El sismo tuvo su epicentro en las inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y provocó daños importantes en ciudades como Cali y Pereira.
Durante las primeras 72 horas, los rescatistas concentraron sus esfuerzos en localizar sobrevivientes antes de que disminuyeran las posibilidades de supervivencia. Sin embargo, especialistas y organismos de emergencia advierten que el cumplimiento de ese plazo no significa que sea imposible encontrar personas con vida.
La continuidad de las operaciones depende de factores como la ubicación de las víctimas, las condiciones de las estructuras colapsadas, la existencia de espacios donde pueda circular aire y la disponibilidad de agua y otros recursos.
Por ello, los equipos continúan trabajando cuando existen señales que puedan indicar que alguien permanece atrapado.
En Pereira, por ejemplo, los equipos de emergencia mantienen operaciones después de que un perro especializado detectara indicios de una posible persona bajo los escombros. En estos puntos se realizan periodos de silencio para intentar identificar golpes, gritos u otros sonidos procedentes de las estructuras.
Rescate contrarreloj
En Cali, una de las ciudades más afectadas, los equipos especializados continúan revisando edificios parcialmente o totalmente colapsados. Las labores cuentan con apoyo de organismos nacionales y de grupos internacionales, entre ellos rescatistas mexicanos conocidos como Topos, además de personal procedente de otros países.
Las autoridades han comenzado, en algunos puntos donde ya se descartó la presencia de sobrevivientes, a prepararse para una nueva fase centrada en la remoción de escombros y la atención de los damnificados. No obstante, donde exista una señal de vida, la prioridad continúa siendo el rescate.
La magnitud del desastre también se refleja en los daños materiales. Reportes citados por EFE señalan que más de 11,000 viviendas resultaron destruidas, mientras decenas de miles más presentan daños. La emergencia afecta a miles de familias y a numerosos municipios del país.
A la tragedia se suma la saturación de los servicios forenses en algunas zonas, mientras familiares esperan noticias y la identificación de sus seres queridos.
